En septiembre de 2020, el sistema de rastreo de contactos de Inglaterra dejó de sumar parte de los resultados positivos de Covid-19 sin que nadie lo notara al principio. Según una nota de The Register, 15.841 casos quedaron fuera de los boletines entre el 25 de septiembre y el 2 de octubre porque el archivo usado para consolidar los resultados de laboratorio se había guardado en un formato de planilla antiguo, con un límite de poco más de 65.000 filas. Al superar ese límite, el programa simplemente dejó de agregar filas nuevas, sin aviso, sin mensaje de error, sin ninguna señal de que algo había fallado.

El efecto llegó directo a las personas: hasta 48.000 contactos de quienes habían dado positivo nunca fueron avisados a tiempo, porque el rastreo de contactos dependía de ese mismo archivo. No hubo un ataque informático, ni una falla de red, ni una mala decisión política. Hubo una planilla que un equipo venía usando desde hacía meses para un trabajo para el que nunca había sido pensada, mucho menos a ese volumen.

Casos así solo se vuelven noticia cuando hay un gobierno y una pandemia de por medio. El mecanismo detrás —un proceso importante que termina viviendo dentro de una planilla, mantenida por quien tuvo el tiempo y la buena voluntad de crearla— se repite todos los días en empresas de cualquier tamaño. Ese mecanismo, no el Excel en sí, es lo que le debería importar a quien toma decisiones.

Dónde vive realmente el proceso

Recursos Humanos tiene la planilla de quién puede aprobar cada tipo de reembolso. Finanzas tiene la de las reglas de descuento por cliente y por plazo. Ventas tiene la de qué contratos necesitan pasar por legales antes de salir. Todas nacieron de la misma manera: alguien tenía que resolver un problema real, en un momento en que no había nada mejor a mano, y una planilla lo resolvía en el momento.

El problema no es haber creado la planilla. Es lo que pasa después: la regla que estaba clara en la cabeza de quien la creó nunca llega a quedar escrita en ningún otro lado. Cuando esa persona cambia de área, toma una licencia larga o deja la empresa, el proceso no se va solo con ella: desaparece, porque nunca existió en ningún otro lugar.

Décadas de investigación académica sobre planillas de uso real, reunidas por el investigador Raymond Panko a partir de auditorías en empresas, llegan a una conclusión parecida por otro camino: los errores son raros celda por celda, pero en una planilla grande es muy probable que exista al menos un error en el resultado final, porque casi nadie revisa una planilla del mismo modo en que revisa un sistema, con pruebas, control de versiones y una segunda mirada.

Una investigación de la consultora de modelado financiero F1F9 llegó a un retrato parecido desde el lado del negocio: el 88% de las planillas analizadas tenía algún error, y la mitad de las usadas por grandes empresas tenía un defecto lo bastante grave como para influir en una decisión. El motivo estructural aparece en el material técnico sobre auditoría de la "informática de usuario final": las herramientas que una persona arma por su cuenta, fuera de lo que TI supervisa, rara vez tienen dueño declarado, versión vigente o registro de quién cambió qué, y llegan a tener un error crítico en hasta el 94% de los casos usados para decisiones de negocio.

Cuando este tipo de planilla sostiene una decisión de peso, el costo aparece rápido. En 2012, el gobierno británico canceló por completo la licitación de una línea ferroviaria multimillonaria después de detectar errores de cálculo en el modelo usado para evaluar las propuestas de los competidores. El propio gobierno confirmó la cancelación en un comunicado oficial, y el episodio terminó costándole al erario más de 76 millones de dólares, según una estimación citada por una consultora del sector.

Documentar no es lo mismo que gobernar

Documentar no es lo mismo que gobernar

La reacción más común, cuando alguien nota el tamaño del problema, es pedirle a la persona que "documente" el proceso: un resumen en un documento de texto, una página en un repositorio interno, una capacitación grabada una sola vez. Ayuda un poco y resuelve poco: la planilla sigue siendo el lugar donde el trabajo realmente ocurre, y el documento suelto deja de coincidir con la realidad en cuanto la regla cambia por primera vez.

Otra reacción común es prohibir: bloquear el archivo, restringir quién puede editarlo, prometer migrar todo a un sistema más grande "en cuanto esté listo". En la práctica, el plazo del sistema más grande nunca llega, la presión del día a día sigue igual y la planilla desaparece de la vista de quien ordenó prohibirla, sin desaparecer del trabajo de quien tiene que entregar hoy.

Es justo ahí donde la IA entra y deja al descubierto todo el problema. Alguien le pide a un asistente de IA ayuda con esa rutina de aprobación de reembolsos o descuentos, y el asistente no tiene forma de saber la regla que solo existe en la cabeza de quien mantiene la planilla, así que se equivoca, o entrega una respuesta demasiado genérica para servir, y el equipo vuelve a hacer todo como siempre. O, peor, alguien pega el contenido de todo ese archivo en una herramienta de IA personal para pedir ayuda, y el proceso que ya era informal termina con una segunda copia, todavía más fuera de control que la primera.

Los errores son raros celda por celda. Pero en una planilla grande, es muy probable que exista al menos un error en el resultado final.

Raymond Panko, investigador de errores en planillas

Lo que tiene que existir en la práctica

Un entorno de trabajo en el que la IA pueda ayudar de verdad con estos procesos se apoya en mecanismos concretos, no en buena voluntad.

Una identidad única, la misma de la empresa. La persona accede al proceso y a la IA con el mismo inicio de sesión de la red corporativa, no con una cuenta personal que nadie más ve.

Un dueño declarado para cada proceso. Toda regla de negocio importante tiene una persona o un área responsable de mantenerla actualizada, y eso queda registrado, no implícito.

Una versión vigente, no la última planilla guardada. Existe una versión oficial y reconocible de ese proceso, distinta de cualquier copia personal que alguien haya guardado en su propia computadora.

Revisión antes de convertirse en regla oficial. Los cambios relevantes pasan por una segunda persona antes de aplicarse a todos; sin ese paso, cualquier ajuste de último momento se vuelve norma sin que nadie lo haya decidido realmente.

Reutilización con permiso por persona, grupo y rol. Quien necesita ese proceso puede usarlo dentro de lo que su rol autoriza, sin depender de pedirle el archivo al colega que "sabe cómo funciona".

Un registro de quién cambió qué. Modificar una regla de negocio queda registrado, con fecha y responsable, igual que cualquier otra decisión relevante de la empresa.

Así fue diseñada Skyller: conocimiento con dueño y versión vigente, acceso según el rol de cada persona y reutilización entre equipos, en lugar de depender de quien mantiene el archivo.

Cuando lo que funciona se multiplica

Cuando lo que funciona se multiplica

La ganancia más fácil de defender es la de riesgo: menos dependencia de una sola persona, menos posibilidades de que un error silencioso se convierta en decisión oficial. Pero lo que suele convencer de verdad es otra cosa.

Cuando el proceso vive solo en una planilla personal, lo que funciona bien queda atado a quien lo descubrió. La persona de finanzas que pasó meses ajustando la lógica perfecta de descuento por plazo es la única de la empresa que sabe operarla, y si se va, se lleva ese conocimiento aunque el archivo se quede.

En un entorno donde ese conocimiento tiene dueño, versión y permisos definidos, el camino es el opuesto: alguien del equipo resuelve el proceso una vez, y otras personas y áreas pueden reutilizar el mismo camino, dentro de lo que su función autoriza. Skyller, por ejemplo, ya viene con más de 170 plantillas de políticas y procesos listas, para que la empresa no tenga que empezar esa organización desde cero.

También hay un efecto sobre quien se incorpora a la empresa después. Una persona nueva no aprende el proceso preguntándole a quien "lo sabe de memoria": encuentra la versión vigente, ya registrada, y empieza a usarla desde el primer día.

Una prueba rápida para esa planilla

Antes de volver a abrir esa planilla que sostiene un proceso importante, vale la pena responder estas preguntas junto con el propio equipo:

  1. Si la persona que mantiene ese archivo se fuera mañana, ¿alguien más sabe operar la regla que contiene? Si la respuesta es "solo ella sabe", el proceso no tiene dueño: tiene un rehén.
  2. ¿Existe una versión de esa planilla que todo el mundo reconozca como la oficial? Si cada área guarda su propia copia, probablemente ya existan versiones distintas decidiendo cosas distintas al mismo tiempo.
  3. ¿Alguien revisó el último cambio a esa regla antes de que empezara a regir para todos? Sin una segunda mirada, un ajuste de último momento se convierte en norma sin que nadie lo haya decidido a propósito.
  4. Si un asistente de IA tuviera que seguir esa regla hoy, ¿dónde encontraría el texto? Si la respuesta es "en la cabeza de alguien", la IA se va a equivocar o va a ser ignorada, no porque la herramienta sea mala, sino porque la regla nunca existió por escrito.

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