Según la documentación técnica de Cisco Meraki, fabricante de equipos de red para empresas, un punto de acceso Wi-Fi configurado como repetidor pierde la mitad de la velocidad en cada salto hasta llegar al router principal — el segundo repetidor de la fila ya entrega solo un cuarto de la velocidad original, y el tercero, un octavo. Es justamente el método más común para "resolver" el Wi-Fi de una empresa: comprar el mismo router que se usa en casa e ir sumando repetidores por el pasillo, por la sala, por el depósito.

El resultado es conocido por quien trabaja en una empresa pequeña o mediana: el Wi-Fi se cae en el fondo del depósito, la videollamada se traba justo cuando alguien está presentando, y el lector de inventario pierde la conexión exactamente en el pasillo donde está la mayor parte del producto. Nadie sabe decir si el culpable es la conexión contratada, el router o la notebook — y cada sospecha se convierte en una llamada, un cambio de equipo o un reclamo nuevo.

Para quien decide el presupuesto de TI, la pregunta correcta no es "qué router comprar". Es si la red inalámbrica de la empresa fue pensada como un proyecto — con la cantidad y la ubicación correcta de puntos de acceso — o si fue creciendo a los remiendos, repetidor tras repetidor, sala tras sala.

Por qué el router de casa no escala

Un router doméstico está hecho para una casa: pocos ambientes, un puñado de dispositivos, gente que usa el Wi-Fi en turnos distintos del día. En una empresa, decenas de personas usan la red al mismo tiempo, en el mismo piso, muchas veces en la misma sala de reuniones — y el equipo que aguanta eso es otra categoría.

La propia Cisco Meraki, al orientar a sus clientes sobre cuántos dispositivos soporta un punto de acceso, es directa: las cifras que publica — desde poco más de doscientos dispositivos en un punto de acceso más antiguo hasta cerca de mil en un modelo reciente — son un techo teórico. En la práctica, la interferencia de todos usando la red al mismo tiempo hace bajar ese número mucho antes de llegar ahí.

Esa interferencia crece cuando puntos de acceso vecinos usan el mismo canal de radio — dos pisos cercanos, dos salas contiguas, cada uno peleando por el mismo espacio en el aire. Funciona como dos personas hablando al mismo tiempo en la misma sala: cuanta más gente compitiendo por el mismo canal, más lenta avanza la conversación para todos.

El perjuicio no aparece como un solo gasto. Aparece como la hora de un empleado esperando que cargue una página, como el mismo reclamo hecho otra vez, como una reunión reprogramada porque la videollamada se cortó a mitad de camino.

Por qué sumar repetidores no resuelve

La forma común de hacer crecer la red es comprar un router igual al de casa y configurarlo como repetidor, captando la señal del anterior en vez de tener su propio cable. Funciona por un tiempo — hasta que la empresa abre una sala más, contrata más gente, o el depósito crece un pasillo más.

Ahí vuelve a aparecer el problema del salto: cada repetidor en la fila reduce la velocidad a la mitad respecto al anterior. En un extremo de la empresa con dos o tres repetidores en cadena, la señal llega, pero demasiado lenta para una videollamada o para el sistema que controla el depósito.

Hay un segundo problema, menos visible: la notebook no cambia de punto de acceso sola cuando la señal se debilita. Suele "pegarse" al punto más lejano hasta que la conexión se corta del todo, en vez de pasar sin que nadie lo note al punto más cercano mientras la persona camina por el edificio — porque el equipo doméstico no fue pensado para entregar ese cambio suave.

Y está la visita. Sin una red propia para quien viene de afuera, el proveedor que pide la contraseña del Wi-Fi entra a la misma red que las computadoras de la empresa, compitiendo por ancho de banda con el área financiera y viendo los mismos equipos que ve un empleado.

Lo que tiene que existir en la práctica

Un ambiente preparado para esto se apoya en mecanismos verificables, no en comprar un router más cada vez que el anterior parece débil.

Un proyecto de cobertura antes de la compra. Alguien mide la señal en cada punto de la oficina o del depósito — incluido donde circula el lector de inventario — y define cuántos puntos de acceso hacen falta y dónde van, en vez de comprar y probar a ciegas.

Puntos de acceso conectados por cable, no en cadena de repetidores. Cada punto de acceso se conecta directo a la red de la empresa por su propio cable, sin depender de la señal del vecino. Eso es lo que evita la pérdida de velocidad en cada salto.

Canales de radio planificados entre salas y pisos. Los puntos de acceso cercanos usan canales distintos, para no pelear por el mismo espacio en el aire.

Cambio suave entre puntos de acceso. La notebook o el lector de inventario cambia de punto de acceso solo, a medida que la persona camina por el edificio, sin cortar la conexión ni trabar la pantalla por unos segundos.

Red aparte para visitas. Quien llega de afuera se conecta a una red propia, sin competir por ancho de banda ni ver los equipos internos de la empresa.

Alguien vigilando antes de que llegue el reclamo. Un panel muestra cuántos dispositivos están conectados y dónde la señal está débil, en vez de esperar a que el empleado llame para avisar.

Así es como trabaja Skills IT: con un proyecto de cobertura antes de la instalación, puntos de acceso cableados en lugar de repetidores en cadena, y una red aparte para quien visita la empresa.

La ganancia para quien decide

La ganancia aparece primero en la rutina: la videollamada no se traba a mitad de la presentación, el lector de inventario mantiene la conexión en el pasillo más lejano, y el empleado deja de perder tiempo tratando de adivinar si el problema es suyo, del router o de la conexión.

El equipo más nuevo ayuda, pero no reemplaza el proyecto. Estándares recientes como Wi-Fi 6E y Wi-Fi 7 prometen más capacidad simultánea, en parte usando también la banda de 6 GHz — solo que, en Brasil, esa banda está en medio de una disputa regulatoria: en diciembre de 2024, Anatel revirtió la decisión de 2020 que liberaba toda la banda para Wi-Fi y pasó a restringir el uso a un solo canal, dejando el resto reservado para una futura subasta de operadoras. Comprar el equipo más nuevo sin un proyecto de cobertura resuelve menos de lo que parece.

La ganancia financiera es la de siempre en una TI bien cuidada: menos horas de personal parado, menos reclamos repetidos por el mismo punto muerto del edificio, y un presupuesto de red que se decide una sola vez, con una estimación antes de la compra, en vez de convertirse en una compra de urgencia cada vez que llega un reclamo nuevo.

Hay también una ganancia al momento de decidir: con un mapa de cobertura en mano, se puede saber si el problema es la conexión contratada, el cableado o la ubicación de un punto de acceso — en vez de cambiar pieza por pieza hasta acertar.

Una guía para empezar

Antes de comprar un router más o un repetidor más, vale la pena llevar estas preguntas a la próxima reunión:

  1. ¿Existe un mapa de dónde la señal es débil, incluyendo depósito, almacén y áreas externas? Sin ese mapa, cada reclamo se convierte en una adivinanza nueva sobre qué equipo cambiar.
  2. ¿Cuántos puntos de acceso existen hoy, y alguno funciona como repetidor de otro? Cada salto en la cadena es velocidad que ya se perdió a la mitad antes de llegar al usuario.
  3. ¿Existe una red aparte para visitas y proveedores? Si la respuesta es "todos usan la misma contraseña", no existe.
  4. ¿Qué pasa cuando alguien camina de una sala a otra con la notebook o el lector en la mano? Si la conexión se corta o traba por unos segundos, los puntos de acceso no están entregando el cambio suave que deberían.
  5. ¿Quién decide cuántos puntos de acceso necesita la empresa: una medición real o el presupuesto de ese mes? La respuesta correcta es la primera.